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sábado, 30 de noviembre de 2013

CARLES BENAVENT


"Te miro" Maram Al- Masri

Cada vez que un hombre
me abandona
me vuelvo más hermosa.
Más hermosa.
...
(Poema nº 100 de "Te miro". Maram Al-Masri)

*Imagen de Omar Galliani
 

PATXI ANDIÓN em LISBOA

Últimos preparativos para los conciertos en Portugal el 8 y 9 de diciembre con Antonio Serrano, Guillermo Mcgill y Martín Leiton más artistas invitados portugueses.

 

TAPI Sesiones inéditas (Barcelona 1991) (+lista de reproducción)


CARLES BENAVENT "Mantequilla"


Jorge Pardo Huellas QUARTET TRIO en concierto, en Café Berlín Madrid.



Vientos Flamencos/Jorge Pardo, Javier Colina, Josemi Carmona y El Bandolero en concierto / Vie 06 dic 22:30h / Entrada 10€

El Berlín tiene el honor de presentar en directo a un cuarteto de de auténtica excepción, que reúne a algunos de los... músicos más importantes a nivel internacional en el campo del flamenco jazz.

Cuatro figuras de renombre mundial y currículo abrumador: el saxofonista Jorge Pardo (recientemente galardonado con el premio al mejor músico de jazz europeo), el contrabajista Javier Colina (Dizzy Gillespie, George Benson, Tomatito…), el guitarrista Josemi Carmona (Ketama, Paco de Lucía, Rosario, Alejandro Sanz, Jorge Pardo…) y el percusionista José Manuel Ruiz "El Bandolero" (Tomatito, Habichuela, Pat Metheny, Chano Domínguez...).

Entradas: http://bit.ly/1896Yoj


Más info: http://bit.ly/1glcadZ



 


 

"Versos sobre el pentagrama" Poema de Álvaro Salvador

Poema de Álvaro Salvador, El padre. Musicalizado por Rafa Mora y Moncho Otero dentro del ciclo Versos sobre el pentagrama.
 

 

                        El padre

Él tendría por entonces mi misma edad de ahora
y recuerdo su mano apretando la mía
al cruzar, los domingos, la calle hasta la iglesia.
Después, mi mano olía durante varias horas
a jabón de lavanda y rubio americano.
Solíamos deambular las mañanas soleadas
por céntricos jardines o estrechas callejuelas
y él parecía no tener un rumbo prefijado,
desconocer adrede el destino final de aquellos pasos
que me brindaba a mí, su hijo más pequeño,
con la alegría sin norte de un muchacho.
Al final, el camino siempre nos conducía
a un gran café del centro, hermoso y concurrido.
Y allí me transformaba,
feliz explorador de un territorio íntimo,
en héroe sideral o enmascarado rey de los pigmeos
mientras él repasaba lentamente el periódico
o hablaba apasionado con algunos amigos
de temas misteriosos que yo nunca acababa de entrever
más allá de sus risas
y la expresión profundamente viva de unos rostros
tiernos y cariñosos al dirigirse a mí.
Más tarde, al retirarnos,
siempre con la sorpresa de un truco inesperado
aparecía en su mano un crujiente paquete
lleno de dulces frescos para tomar en casa.
Otras veces, recuerdo, en tardes de verano
solíamos caminar a la luz del crepúsculo
y su mirada de hombre, madura, ensombrecida
por unos pensamientos que yo no comprendía
pero que adivinaba próximos,
cercanos a una suerte de tristeza muy honda,
me acercaba a mí mismo
a la intuición de una edad mayor,
poderosa y extraña como sus palabras.
Se marchó una mañana dorada de Diciembre
-como aquellas mañanas azules de mi infancia-
hace ya veinte años.Y, sin embargo,
aún en los días más serenos
puedo escuchar su voz con un escalofrío,
oír como resuena, amable, enronquecida,
en mi propia garganta.
A veces veo sus ojos en mis ojos sin brillo.
Y la mano de mi hijo,anidada en mi mano,
me hace sentir de nuevo el amor de su mano.